Desde una isla desierta: nota de urgencia

Estoy en clase. Llevo una hora aquí sentado. Hoy nos hablan sobre las pedagogías críticas. Creo que si algo las caracteriza es su perspectiva decolonial. Su posicionamiento político a favor de desvelar el poder de las estructuras y la necesidad de poner una nueva mirada sobre el entorno para transformarlo.

Qué fácil es hacer análisis maniqueos, banales y esencialistas de contextos que sólo se conocen por lo que dice la tele, la radio o la prensa. Qué fácil es llamar a un alumnado que vive en una situación de exclusión social bestiajo a los que toca dar clase. Qué fácil y qué cool es nombrarse crítico y qué difícil es serlo. Qué oportunidad perdida para trabajar con futuro profesorado y comenzar desde la formación inicial un cambio de foco; una desconstrucción del imaginario.

He asistido a un debate sobre la Educación en el Polígono Sur, al que se sigue mal llamando Tres Mil Viviendas. Sobre el que se siguen reproduciendo imaginarios en torno al miedo, a la violencia y a lo heroico de trabajar allí.

La clase sigue y me siento solo. Me siento solo y muy enfadado. Triste.

S.O.S.

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