Del CAP al MAES

Hasta hace unos años este Máster no existía. Cualquier persona licenciada que quisiera dedicarse a la docencia en enseñanzas medias hacía un curso, el CAP: Curso de Adaptación Pedagógica. Esta formación se desarrollaba en seis meses y su precio oscilaba entre los 200 y 300 euros. No seré yo el que defienda el CAP. No conozco a ninguna persona que lo haya hecho y comente que el curso le resultó provechoso y útil para el desempeño de la función docente. El últmo año en que se impartió yo comenzaba mis estudios universitarios. Mi segundo año de carrera fue el de las primeras promociones del Máster de Profesorado en Enseñanza Secundaria, Bachillerato e Idiomas (MAES). Este Máster pretendía ser un punto de inflexión en la formación inicial del profesorado de Secundaria. Años después de su implantación esta propuesta también flaquea. ¿Quiénes son las personas encargadas de definir esta formación? ¿Cómo lo han hecho?

El salto cuantitativo del CAP al MAES es evidente: más horas de formación, más dedicación del alumnado para cursar el Máster y mayor cuantía económica de la matrícula. Esta ha pasado de suponer un desembolso de 200 o 300 euros a 800 euros en Andalucía, 1966,08 euros en la Universidad de Salamanca, 1725 euros en la Comunidad de Madrid, los 2470 euros de Catalunya o los 1200 euros en Euskadi (según precios públicos del curso 2017/2018).

¿Qué ocurre cuando la cantidad no está relacionada con la calidad?

El CAP suponía la realización de un curso de 90 horas de formación teórica y otras 90 horas de prácticas curriculares en un centro educativo de Secundaria. A nadie se le ocurriría pensar que 180 horas de formación son suficientes para que una persona adquiera las competencias básicas para desempeñar la docencia de una asignatura. Estas 180 horas suponían un pasaporte para acceder a un puesto de trabajo en el que a base de ir haciendo se adquirirían habilidades y estrategias para trabajar en el aula. Solo como nota al pie de página, me gustaría agregar que la Titulación Oficial expedida por la Junta de Andalucía para Monitoras y Monitores de Ocio y Tiempo libre supone una formación de 195 horas teóricas (presenciales) y 100 horas prácticas. Es decir, cualquier persona que haya cursado este diploma tiene más formación que la que se requería para acceder a la docencia en Educación Secundaria.

Ante esta situación supongo que se pensó que sería más conveniente que toda persona interesada en acceder a la profesión docente pasase por un período de formación mayor, que permitiese profundizar más en todas las áreas que se pondrían en juego en su desempeño profesional.

Hasta aquí todo es genial. Casi una fantasía. Sin embargo, del dicho al hecho hay un trecho. El MAES se basa en una estructura modular que se configura de la siguiente manera:

  • Una formación obligatoria y básica que es transversal a todas las especialidades. Se configura a partir de materias que trabajan desde el desarrollo psicológico en la adolescencia hasta las funciones que desempeña el sistema educativo en las sociedades sin pasar por alto cómo se organizan y funcionan los centros educativos.
    Este módulo, por tanto, se centra en ofrecer una visión general sobre el contexto en el que las futuras profesoras y profesores van a trabajar.
  • Una formación obligatoria y específica a la especialidad de acceso centrada en bases de la enseñanza y el aprendizaje de esta especialidad, innovación e investigación docente en la misma y una serie de complementos formativos que vienen a conectar el currículum de Secundaria y Bachillerato con los conocimientos técnicos que el alumnado del Máster ya posee por su formación previa.
  • Un módulo de prácticas en centros educativos, de ochenta horas de duración. Estas prácticas deberían desarrollarse en centros públicos dependientes de las Consejerías de Educación correspondientes. Esto supone que en los centros profesores y profesoras que ya trabajan en institutos públicos asuman la tutorización del alumnado del Máster. Un trabajazo que en el caso de la Universidad de Sevilla solía reconocerse a través del pago de 150€ y que en el último año ha pasado a ser un reconocimiento por parte de la Universidad a través del carnet de la biblioteca y el servicio de deportes de la Institución. Esto ha provocado que en el último curso escolar gran parte del profesorado que ejercía la tutorización del alumnado del Máster en los centros educativos se haya plantado. Como consecuencia el alumnado del MAES ha tenido que cursar sus prácticas en centros privados (o privados-concertados). Yo estoy un poco a verlas venir. A ver qué pasa.

  • Un módulo de libre elección, que cada Universidad plantea como considera más adecuado. En el caso de la Universidad de Sevilla, se ofrecen asignaturas optativas específicas para el Máster y en otras, como en Málaga se complementa con un ciclo de conferencias cada año. Este módulo permite que cada Universidad de al Título un carácter algo más personalizado y podría ser un punto a tener en cuenta en el caso de poder elegir dónde estudiar.
    Estos créditos normalmente se emplean para fortalecer la formación inicial del profesorado en aspectos que no han sido contemplados en los módulos obligatorios del Máster: acción tutorial, inteligencia emocional, educación para la ciudadanía o educación ambiental, entre otras.
    En la situación actual creo que sería interesante plantear estos créditos desde posicionamientos más abiertos que permitieran que la enseñanza se adaptase completamente a las necesidades del alumnado que cursa los estudios en cada edición. ¿Sería posible pensar estos créditos como un laboratorio de investigación, innovación y formación docente?
  • Por último, el alumnado desarrolla un Trabajo Final de Máster (TFM) que cada Facultad plantea según unas líneas de trabajo e investigación concretas. Esta idea es interesante puesto que incita a que se desarrollen investigaciones o propuestas didácticas como parte de la formación inicial. A esas alturas del curso esto se suma a la realización de una memoria de todo el periodo de prácticas desarrollado y más documentación que hay que aportar para terminar el Máster. Parece que este aprendizaje informal nos guía para todo el infierno burocrático que supone el día a día en un centro educativo. Están en todo.

En el papel todo parece genial. Sin embargo, no conozco a una sola persona que haya cursado el Máster que diga que le ha aportado gran cosa. ¿Estamos ante un momento para plantear un punto de inflexión nuevo?

A mí, mirando el plan de estudios de la Universidad de Sevilla me surgen varias preguntas que voy a lanzar al aire. A algunas les daré una vuelta en próximas entradas:

¿Por qué no existen asignaturas específicas que trabajen sobre la coeducación en los centros de Secundaria?

¿Por qué la asignatura de educación inclusiva y atención a la diversidad solo se cursa desde la especialidad de orientación educativa? ¿Acaso no es necesario que todo el profesorado cuente con una idea básica sobre cómo trabajar con alumnado diverso en el aula?

¿Por qué no existe una asignatura específica sobre evaluación educativa?

Tal vez es el momento para reformular este Máster y hacer que su contenido curricular atienda a las necesidades reales de las personas que acceden a él. Esto debería estar por encima de las decisiones del despacho del Ministerio, Vicerrectorado o Departamento Universitario de turno.

Seguimos.

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